"Dicen que tienes veneno en la piel, y es que estás hecha de plástico fino..." canturreaba una voz desgarrada desde el fondo de la habitación. Una joven atractiva y despeinada aparta las sábanas de algodón y apoya sus largas piernas morenas en el suelo. Se estira como un felino y esboza una sonrisa de medio lado, mientras observa su reflejo en el espejo empañado de su habitación de hotel. El maquillaje corrido que manchaba sus pómulos. Una marca de carmín debajo de la clavícula derecha, simbolizando una captura. Se abrocha los botones de su camisa arrugada con los ojos entornados. Aquella noche de enero hacía tanto frío que el aliento se convertía en pequeñas nubecitas de vaho nada más exhalarlo.
"Es cierto", pensó. "No hay más que ponzoña en este mundo". Detrás de ella, el crujido de un hueso. Levanta la vista y ve una silueta moviéndose entre las sombras. Enseña los dientes puntiagudos mientras se le acelera el pulso.
Es noche de caza.
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