Me parece conveniente empezar el año haciendo balance de cómo hemos llegado hasta aquí y las posibilidades que eso ha abierto ante nosotros. Nada como levantarnos por la mañana con la fuerza y motivación de quien tiene una razón por la que luchar. El análisis de este año se centró, dentro de mi crecimiento y evolución, en mi escritura abandonada. Han sido meses, muchos meses, de angustia (aparte de la generada por la incertidumbre que me crea el desconocer, sin entrar mucho más en detalles) porque las palabras ya no vienen a mí cuando las llamo. Ya no curan. Lo he estado pensando mucho y he llegado a la conclusión de que no escribo porque siento que todo lo que podría decir ya ha sido dicho por alguien más.
(Ingenua de mí, con razón pensaréis. Estás infravalorando la mente humana)
Resulta que la cuestión a afrontar no es ni mucho menos esa, pese a lo que podamos creer. Creo que para que las palabras funcionen como cura tienen que salir de muy dentro. Para sanar tejido herido, las palabras deben manar de nuestras vísceras, pues es allí donde se esconde el problema. El verdadero asunto es en que por mucho que se empatice con un fragmento escrito por un autor ajeno nunca lo vamos a sentir como verdaderamente propio. No podemos hacerlo nuestro.
Así. No. Cura.
Tomando esto como base, afirmo que una sensación, con toda su subjetividad y particularidades, no es extrapolable ni siquiera a un segundo. ¿Cómo va a serlo entonces a todos nosotros? Para mayor escarnio, a una sensación ni siquiera se la puede calificar como precisa. De ahí la importancia de ser nosotros mismos quienes escribamos sobre ello; ¿Cómo si no hacerlo nuestro, si simplemente al plasmarlo parte de su esencia ya se está perdiendo? Las palabras no son capaces de abarcar los sentimientos, las emociones y los pensamientos de forma que estos queden plasmados intactos.
Cuando escribes para ti, al igual que cuando dibujas o llevas a cabo cualquier otra actividad creativa, la presión por crear algo inédito, sorprendente y maravilloso desaparece, y es reemplazado por la eficacia para uno mismo.
Y entonces las palabras vuelven, y curan de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario